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Julio II salió a la guerra en persona. León X agotó el tesoro de la Iglesia. Alejandro VI escandalizó a Europa. El papado renacentista fue todo menos aburrido.
En la Europa medieval casi nadie sabía leer. La Iglesia respondió convirtiendo los edificios religiosos en libros de piedra, vidrio y madera donde cualquier fiel podía leer la historia sagrada.
En el año 750, en Lanciano, un monje que dudaba vio cómo el pan y el vino se transformaban en carne y sangre. Ese tejido se conserva hasta hoy y ha sido analizado científicamente.
Juan Pablo II proclamó a seis santos como copatronos de Europa en 1999. Cada uno representa una forma distinta de construir el continente desde la fe.
La historia de la Iglesia no se puede entender sin sus Concilios Ecuménicos. Estas asambleas han sido los motores de cambio y los escudos contra las desviaciones doctrinales.